Todo empezo en el colegio cuando lo vi el me vio pero es solo su intelecto su belleza me cautivo y no se como explicarle que llevo dias sin dormir
hay quisiera confesarle que me gusta.Cierro mis ojos y lo veo perfectamente es como si no pudiera sacarlo de mi mente por el mi corazon vuelve 
a latir y lo quiero para siempre junto a mi ya esta decidido te voy a conquistar no importa con que corriente haya que nadar solamente ten presente 
que no sales de mi mente. Quiero decirte que me gustas que no dejo de pensar en ti y la verdad es que me asusta perderte y que te alejes de mi.

10.10.09







Ilusiones


¿Cómo empecé a escribir? Pues, incluso, aún me lo pregunto. Hasta aquel momento sólo había escrito unas cuantas frases sin mucho sentido, demasiadas emociones revoloteando en un folio en blanco. Más que nada era una especie de pasatiempo, como un método de escape de la realidad. Pero entonces un hormigueo empezó a crecer en mi interior y todas las emociones empezaron a cobrar sentido. Reconozco que el tuvo mucho que ver en todo esto, era como mi musa. Me encantaba notar su respiración en la nuca intentando leer, medio a escondidas, por encima de mi hombro, todo lo que tecleaba. Otras veces lo miraba mientras que, con su boquita ligeramente abierta, leía absorta los últimos capítulos de una historia todavía sin final.

Caprichoso destino

Cuando te acuestas una noche con alguien no pretendes nada más que algo de sexo y un cuerpo bonito y sexy. Ni siquiera te planteas si tienén algo en común. Unas cervezas, cuatro estupideces susurradas a un oído deseoso de escucharlas, una cama y una necesidad de saber que aún sigues siendo atractivo, que si quiero, aún, puedo dormir con un cuerpo en mi cama, que, aún, puedo obtener algo de cariño. Cuando te acuestas una noche con alguien no piensas que es el hombre de tu vida. Pero ¿y si es más que un cuerpo bonito y que resulta que sí que hay algo en común; que te das cuenta de que cuando estás con el no quieres dejarlo marchar; que una noche no es solo una, sino que se convierte en varias y después en casi un año?
¿Y si resulta que sí es la persona que quieres que esté a tu lado siempre?
El es mi siempre, mi todo.

La miro, me mira, sonríe, yo aparto la mirada, “¿qué te ocurre?” me pregunta, “nada” contesto.-Dale sé cuando te ocurre algo, cuéntamelo.

-No es nada importante, solo es, que bueno,llevamos ya un tiempo viéndonos y te he agarrado mucho cariño, lo sabes ¿no?

-¿Qué me quieres decir?

-Te quiero

-¡¿Qué?!

-Que te quiero

-No

-Sí

-No puedes

- ¿Por qué?

-Porque me harías daño

-No lo haré, te lo prometo. Me he dado cuenta de que quiero estar contigo, siempre

.Lo miro, me mira, lo abrazo, “no me mientas nunca” me susurra, “nunca” le susurro.

Mi perdición

Un dolor punzante atraviesa mi cabeza, aún no puedo abrir los ojos. Me duele todo el cuerpo y la sensación de que toda la habitación está dando vueltas es cada vez mayor. El olor a alcohol en mi ropa y el horrible sabor a cenicero de mi boca me resultan terriblemente familiares. Por un momento pensé que todo lo que había ocurrido hasta ahora era una pesadilla: perderlo a el, joder mi vida… pero a medida que mis ojos se acostumbran a la claridad del día me doy cuenta, también, de que no ha sido un sueño.
Su imagen viene a mi memoria: apoyado ligeramente en el marco de la puerta de la habitación con los brazos cruzados; sus labios, firmemente cerrados, sin asomo alguno de una pequeña sonrisa de buenos días; mirándome como quién mira a la decepción de frente, largo y tendido; suspira lentamente y, contra todo pronóstico, con el mayor cuidado del mundo cierra de nuevo la puerta.
Cierro los ojos y
deseo no volver a despertar jamás.

Nadie dijo que vivir fuese facil.



Nadie dijo que vivir fuese fácil y menos compartir tu vida con alguien. Por aquel entonces aún no vivíamos juntos pero el estaba la mayor parte del tiempo en mi casa. Las discusiones empezaban a aparecer en nuestras vidas, no hay nada como una buena pelea para no caer en la rutina. Aunque, verdaderamente, lo que me gustaba era lo que venía a continuación…Todas las promesas del mundo juradas, en bajito, al oído, mientras lo tenía en mis brazos, fuertemente apretada contra mi pecho; montones de disculpas zumbando de un lado a otro con temor a escapar; sus ojos, fijos en los míos, húmedos ya por las lagrimas que descendían suavemente por sus mejillas.
-No llores por mí. –Le dije.- No lo merezco.
Sequé sus lágrimas con cuidado y lo cogí en brazos; lo llevé al dormitorio, lo tumbé en la cama y me recosté a su lado: era precioso. Lo estuve mirando durante unos minutos, seguro de que nunca jamás volvería a ver algo tan hermoso y delicado. Me acarició la cara, el cuello, el torso… Tiernamente lo besé en el hombro mientras que mi mano acariciaba su cuerpo con mucha suavidad: primero el cuello, muy sexy, después rodeé su pecho y bajé lentamente por su cintura hasta llegar a las piernas; Mientras nos quitábamos la ropa el uno al otro nuestras miradas permanecían presas una de la otra y ninguno teníamos el valor de apartarla por temor a que algo se rompiera, como si aquella conexión, aquel momento de total entrega, fuese a disiparse con un soplido.
Y lo besé. Lo besé cada rincón, cada centímetro de su piel y su cuerpo ansioso de llegar a el, de sentir que no hay límites entre su cuerpo y el mío, que somos un solo ser. Y los jadeos se oían cada vez más, y nuestros cuerpos no podían parar, y mi mente se empezó a nublar, ya no podía pensar solo sentir, y, por fin, lo sentí, me sentí, el mayor de los placeres carnales cobró vida en nuestro interior…
Abrí los ojos:
mi pequeño tenía una ligera sonrisa y sin abrir los ojos me abrazó fuertemente y susurró…
-No te alejes de mí, nunca.