
¿Cómo empecé a escribir? Pues, incluso, aún me lo pregunto. Hasta aquel momento sólo había escrito unas cuantas frases sin mucho sentido, demasiadas emociones revoloteando en un folio en blanco. Más que nada era una especie de pasatiempo, como un método de escape de la realidad. Pero entonces un hormigueo empezó a crecer en mi interior y todas las emociones empezaron a cobrar sentido. Reconozco que el tuvo mucho que ver en todo esto, era como mi musa. Me encantaba notar su respiración en la nuca intentando leer, medio a escondidas, por encima de mi hombro, todo lo que tecleaba. Otras veces lo miraba mientras que, con su boquita ligeramente abierta, leía absorta los últimos capítulos de una historia todavía sin final.
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