Cuando te acuestas una noche con alguien no pretendes nada más que algo de sexo y un cuerpo bonito y sexy. Ni siquiera te planteas si tienén algo en común. Unas cervezas, cuatro estupideces susurradas a un oído deseoso de escucharlas, una cama y una necesidad de saber que aún sigues siendo atractivo, que si quiero, aún, puedo dormir con un cuerpo en mi cama, que, aún, puedo obtener algo de cariño. Cuando te acuestas una noche con alguien no piensas que es el hombre de tu vida. Pero ¿y si es más que un cuerpo bonito y que resulta que sí que hay algo en común; que te das cuenta de que cuando estás con el no quieres dejarlo marchar; que una noche no es solo una, sino que se convierte en varias y después en casi un año?¿Y si resulta que sí es la persona que quieres que esté a tu lado siempre?
El es mi siempre, mi todo.
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